A. se despertó, apagó la alarma del despertador y se vistió en la oscuridad. En su visita matutina al baño encontró una protuberancia de grandes dimensiones situada en la punta de su nariz.
-¿Veintitrés años y todavía me pasa esto? -se dijo. Se lavó la cara como todas las mañanas, se cepilló los dientes, se aplicó cera para el cabello y se largó al trabajo azotando la puerta.

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