sábado, 10 de mayo de 2014

El regreso

A. regresó a la ciudad. Se enamoró de la persona equivocada de nuevo. No funcionó. Ni siquiera le dieron la oportunidad de demostrar lo que siente. Se pregunta "¿por qué me emociono tanto con alguien si todavía no sé si me quiere?". Tiene razón. Sus métodos fallan todo el tiempo.

Trató de arreglar su vida y pareció tener éxito por unos meses. Después se dio cuenta de que lo hacía por las razones equivocadas. ¿Por qué le cuesta tanto trabajo encontrar a alguien que lo acepte como es? ¿Acaso hay algo esencialmente malo en él? A. piensa que sí.

Se despierta. Trata de arreglar su vida haciendo ejercicio, pero inmediatamente luego recuerda por qué lo hace. Se detiene. Piensa en ella. "¿Por qué siempre se tiene que tratar de que alguien me quiera?" - se pregunta. Tiene razón. A. es muy tonto, y su inconsciente lo es aún más. Se está mordiendo el labio mientras hace lagartijas. A veces sangra un poco. Le gusta el sabor a sangre en la boca.

A. sabe que nada lo va a liberar. Nadie lo hará sentir especialmente libre jamás. Él mismo se tiene que encargar de eso. Sin embargo se ve cien por ciento concentrado en que sea alguien más la base de su existencia. "Una mujer no puede ser tu Rushmore" - le dijo un amigo, haciendo referencia a la película. A. lo sabe, pero de nuevo, A. está consciente de lo mucho que está equivocado, y de la imposibilidad para corregir la manera en la que piensa.

A. desea fuertemente despertar un día sin tener que pensar en ella. Que la vida siga su camino y esté contento. Pero no niega que bien sueña con que ella le escriba un día diciendo que estaba equivocada, que realmente debió haberle dado una oportunidad. No pasará, pero A. quiere creer que sí. Ojalá pudiera entrar en razón.