lunes, 6 de julio de 2009

El negro David

A. se despertó luchando por no olvidar los detalles de un sueño en el cúal él no formaba parte y se le hacía muy raro. Buscó su teléfono celular y al encontrarlo abrió la aplicación de grabación de voz. La luz que emitía la pantalla le hizo olvidar algunos detalles del sueño, pero todavía conservaba su esencia.

Encendió la grabadora y comenzó a hablar en voz baja, como si fuera a haber alguien que le fuera a escuchar. Con una voz modorra y llena de silencios emitió el reporte. Establecía que, en su sueño, un grupo de jóvenes negros y una joven blanca buscan a un tal David. Este personaje jamás apareció en el sueño, sin embargo A. creyó que su existencia era obvia y que, al otorgarle una naturaleza misteriosa y sombría, no había menor duda de que David era uno de los jóvenes de origen africano.

En una escena dónde buscaban a David, extrañamente tuvieron que abrir el cuerpo de un gato moribundo en busca de su arteria principal. Entre sangre y vísceras llegaron hasta el delgado filamento fácilmente confundido con un cordón de color rosa rojizo. Hicieron un corte y no salió ni siquiera una gota de sangre de la arteria. El gato seguía vivo, pero respiraba con pesadez. Se deshicieron de un coágulo y luego ataron la arteria como si fuera nudo de agujetas. Cerraron al gato y este se despertó de un brinco y luego les agradeció a sus cirujanos.

-Gracias negros -dijo el gato y salió del quirófano que no era más que un cuarto tan blanco y pulcro que la piel de los jóvenes destacaba con una facilidad aterradora.

-David era uno de ellos -dijo A. a la grabadora. -Pero los demás no lo saben, y el finje estar buscándose a sí mismo para despistarlos a todos. Lo que está haciendo no tiene sentido. Algo tiene que estar escondiendo y tarde que temprano los demás lo descubrirán. Es sólo cuestión de tiempo.

A. terminó la grabación, visitó su cuerpo desnudo y se preparó para ir al trabajo.

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