A. se despertó con la voz de un francés.
-T'es fan de Pink Floyd, toi ? -dijo el hombre cincuentón, chimuelo, de dientes amarillos/cafés y de uniforme de pompier.
-Ouais -A. traía una camiseta con la leyenda de Pink Floyd, lo cuál había atraído la atención del hombre.
-T'as quelle âge, toi ?
-Vingt-trois ans.
-Putain ! T'es très jeune -y A. guardó silencio.
Lo acababan de despertar de su sueño dónde caminaba en un campo de flores de varios colores y un gato bailaba al ritmo de The Polyphonic Spree. A. tocaba un pandero y el gato bailaba y bailaba mientras pétalos volaban por todos lados.
-Shine on you crazy diamond - dijo el francés. - C'est mon chanson préférée - y empezó a hacer movimientos con los brazos como si tuviera una guitarra.
-La mienne aussi - respondió A. sonriendo.
-Ça fait du bien savoir qu'il y a des jeunes qui écoutent Pink Floyd.
-Y en a, monsieur, je vous assure.
Siguieron platicando el resto del viaje. El hombré contó cómo había ido a ver a Pink Floyd cuando era joven y que había sido el mejor concierto de su vida. También de cuando su hija le mostró un mix de Shine on you crazy diamond y que no le gustó. Después pasaron a temas diversos, como de que cuando él era niño sus papás se unieron a la huelga del 68 y no fue a clases por un buen tiempo.
A. no dejó de sonreír mientras el hombre le contaba su vida. Sin embargo, una parte de él deseaba que se callase.
"Sólo quiero seguir durmiendo", pensó.

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