martes, 30 de junio de 2009

Introducción

A. se despertó. Abrió un cajón y sacó un revólver. Lo introdujo en su boca fétida, haciendo rozar el frío cañón con su paladar.
-Una, dos... -dijo con un espacio gigantesco entre cada palabra.
-¡Tres! -cerró los ojos.
El silencio invadió la habitación.
A. no jaló el gatillo.
Se acostó de nuevo y se durmió.

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